El observatorio espacial Swift de la NASA (renombrado Neil Gehrels) reingresa este miércoles a la atmósfera terrestre de forma incontrolada, marcando el cierre de su histórica misión iniciada en noviembre de 2004. La agencia espacial estadounidense y la Fuerza Espacial de Estados Unidos confirmaron que la estructura se desintegrará casi en su totalidad durante su caída, reduciendo significativamente la posibilidad de que restos sólidos generen afectaciones en la superficie.
Los modelos orbitales ubican la trayectoria de impacto dentro de una franja intertropical comprendida entre los 20.6 grados de latitud norte y sur. Esta zona abarca principalmente aguas abiertas de los océanos, el mar Caribe, Centroamérica, el norte de Sudamérica, África central y el sudeste asiático. La NASA estimó que la probabilidad de que una persona sufra daños por el impacto de un fragmento es sumamente baja, calculada en una entre 2,100.
El reingreso no asistido ocurre luego de que en agosto fracasara una misión robótica de rescate diseñada para capturar el satélite y empujarlo hacia una órbita segura. Al carecer de sistemas propulsores integrados para corregir su altitud, el desgaste orbital redujo progresivamente su elevación, concluyendo un periodo operacional que multiplicó por diez su vida útil originalmente prevista de dos años.
Durante sus 22 años en servicio, el observatorio Swift detectó más de 2,000 estallidos de rayos gamma y 1,400 supernovas, aportando datos clave para el desarrollo de más de 7,000 investigaciones científicas. Con un legado de 1.5 millones de imágenes y 12 terabytes de información en su archivo público, la comunidad astronómica internacional evalúa ahora nuevas alternativas para mantener la capacidad de respuesta rápida ante fenómenos cataclísmicos del cosmos.





